Lectura y extimidad
Leer y publicar es un paisaje intersticial que tiene lugar en la esfera pública ahondando más si cabe en el territorio espectral de la red sin plano. Leer y establecer contacto con la lectura de un compañero que se expone en el soliloquio del ordenador personal puede parecer una salvación. Es contradictorio como pretendemos recuperar la agencia del presente en unas redes que cercenan la libertad de expresión y circunscriben los enunciados a lo políticamente correcto. Estamos sobreexpuestos a un presente disperso que se nos escapa por los dedos mientras se anuncia el derrumbe. Nuestro futuro parece cerrado por reformas y sólo el entrenamiento en la resistencia parece dar cabida a otra forma de estar.
La extimidad lo ocupa todo de esta forma, los lugares están superconectados y se muestra lo siniestro y lo esperanzador a la vez. Se exponen modos de vida que sirven de guía o tutorial y el espacio de lo comunal e interpersonal está dando paso a lo frenético de la intensidad del like. Atemperar y tomar el pulso a los tiempos necesita de un brote ético que supedite los discursos políticos a un terreno humano.
La hipervisión nos obliga a no permanecer mucho tiempo en el mismo lugar. Nos hace desconfiar del mito de la <> o del <>, nos hace recorrer superficies y dirigir nuestra atención a las apariencias multicolores así como señala Byung-Chul Han.
Contra el programa de desciframiento sin resto de las imágenes, otros han opuesto el argumento de la impenetrabilidad de las mismas. Un poco como si tratara de poner en duda la ecuación demasiado rápida entre lo pictural y lo escritural, e insistir en el hecho de que, si vivimos en un mundo cada vez más sometido al régimen de hipervisibilidad, esto no implica automáticamente el nacimiento de una sociedad de la hiperlegibilidad.
La intimidad es tan importante para definir lo que somos que hay que mostrarla como la confirmación inequívoca de que existimos. ¿Pero podemos leer las imágenes?
José Luis Gallero afirma que “las palabras son representación por la pintura de lo aparentemente definido. En cualquier caso, incluso la tentación a la lectura no puede remitirnos más que al ejercicio mismo de la pintura”.
En definitiva creo que es precisamente en el terreno de lo pictural donde se atienden a estas cuestiones.